San Antonio González, Historia, Vida Y Fecha Festiva

San Antonio González fue sacerdote y maestro. En la actualidad, se encuentra en la lista de los venerados de la iglesia católica, debido a que fue capaz de soportar inmensas crueldades por negarse a renunciar a su fe. Pocos son los hombres valientes como él, los escogidos de Dios para llevar su palabra. Si quieres saber más, continúa con nosotros.

¿Quién es San Antonio González?

biografia de San Antonio González

San Antonio González seguirá siendo siempre un amado sacerdote que entregó su vida por causa del cristianismo. Fue sacerdote, maestro y consolador de muchos de los que se enfrentaban a persecuciones debido a sus creencias, incluidos sus acompañantes de viaje y prisión, también mártires. Debido a esto, es venerado actualmente por muchos.

Historia, vida y biografía de San Antonio González

El nacimiento de San Antonio González tuvo lugar en el año 1593 en España. Ingresó al seminario a una edad muy temprana, y allí estudió retórica y latín. Cumplidos los dieciséis años entró al convento de Santo Domingo ubicado en la capital leonesa. En este lugar tomó los hábitos y comenzó a hacer su profesión religiosa. Además de prepararse como sacerdote, cursó también materias universitarias.

Vida en los conventos

Por otro lado, en el convento de Piedrahita del Ávila, se le nombró lector de Teología. Desde este momento, se dedicó a impartir enseñanzas sobre su especialidad, y, paralelamente a ayudar a los estudiantes a solidificar su fe cristiana. Aparte de esto, solía prestar ayuda a los pobres y predicar la palabra en toda España, otorgando con su testimonio y sus sabias palabras, un gran regalo que nunca se ha olvidado.

En los conventos, de manera muy constante se leían revelaciones y cartas por distintos misioneros. Una de estas, que hablaba sobre las andanzas de los misioneros sus dificultades e invitaba a todos los jóvenes a llevar la fe a tierras lejanas, logró impresionar de manera tan profunda a San Antonio González que muy rápidamente solicitó unirse a la provincia dominicana del Rosario para viajar al Extremo Oriente.

San Antonio González tenía devoción a San Pedro Mártir de Verona, beato al cual siempre quería imitar. Nuestro venerado había zarpado a Manila, pero al llegar allá pidió ser enviado a Japón, petición que no le fue concedida. No obstante, no se desanimó y continuó con su vida cumpliendo diligente y destacadamente con cargos importantes que se le habían entregado; fue rector del Colegio Santo Tomás, profesor de teología, entre otros.

Este beato ejerció tan bien las labores que se le encomendaron, que fue candidato para ser obispo de Japón. En muchas ocasiones, emitió denuncias públicas por la violación de la libertad eclesiástica cometida por el gobernador de Filipinas. Aunado a esto, dirigió predicaciones que tenían como objetivo, defender la justicia y la verdad.

Un tiempo después de haber hecho la petición de ir a Japón, la misma fue aceptada, por lo cual, partió a Manila en el año 1636 acompañado de 2 laicos y 3 religiosos. Entre los que iban en el grupo se encontraba Lorenzo Ruiz, quien había sido acusado por causas criminales. También estaba un leproso que había sido expatriado de su territorio por su fe cristiana (este sería el intérprete del padre).  

Encarcelamiento

Justo cuando desembarcaron en las islas Lequios, a pesar de sus estrictas precauciones, fueron descubiertos y encarcelados por un año. Dentro de la cárcel, San Antonio González hizo todo por reforzar la fe cristiana de todos los que allí se encontraban encerrados, incluso, servía a sus compañeros, demostrando un comportamiento bondadoso.

Los que más necesitaban apoyo emocional eran los laicos, puesto que estaban desanimados por los tormentos que se acercaban. Al notar que esto causaba gran preocupación a San Antonio, Lorenzo preguntó a uno de los traductores que si le perdonaba la vida en caso de que renunciara a su fe. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que se confesara cristiano ante la misma persona. Al salir de la cárcel se sentían dispuestos a entregar su vida por la fe.

El 21 de septiembre del año 1637 salieron a Nagasaki para su juicio. Al momento de entrar a la ciudad, una multitud presenciaba el hecho. El misionero vestía el escapulario dominicano e iba haciendo la señal de la cruz como símbolo de su misión que tenía como principal propósito el anunciar el mensaje que cristo había dejado.

Tortura y muerte

En el tribunal, San Antonio González confesó su fe cristiana y admitió que el propósito en su vida era llevar un mensaje de salvación. Como castigo por sus palabras, se le sometió a “agua ingurgitada”, que era una prueba que consistía en obligar a la persona a tomar abundante agua y luego sacarla mediante presión ejercida en el vientre. Luego de esto le recomendaron que renunciara a su fe, pero el mismo dijo que prefería morir antes de hacerlo.

El próximo paso fue pedirle que pisara una pintura donde se encontraba la imagen la virgen, pero él la tomó y la llenó de besos. El castigo del agua no se le hizo una sola vez, pero la segunda vez el agua que salió estaba ensangrentada y comenzaron a hacerse notar las fiebres. Su condición hizo que se encontrara en tal estado que llegó a pedir vino a su opresor para recuperarse un poco.

A la mañana siguiente (el 24 de septiembre del año 1637) falleció, luego de pedir a sus compañeros que emitieran rezos por su causa y animar a Lázaro para que no desertara. Luego de que notaran su muerte, arrojaron sus restos a las llamas hasta que se hizo cenizas, las cuales fueron dispersadas en el mar para que ningún cristiano pudiera venerarlo. Su canonización fue hecha por Juan Pablo II en el año 1987.

Fecha festiva de San Antonio González

Cada 28 de septiembre, los feligreses hacen fiestas para la veneración de San Antonio González y otros mártires cristianos que lo acompañaban. Estos, están conscientes de que su venerado se encuentra en los cielos e intercede por todos los que le creen.

Pocos hombres son capaces de ser como nuestro San Antonio González, un hombre que no renunció a su fe a pesar de estar siendo torturado inhumanamente. Dios lo escogió para llevar su palabra, y eso hizo hasta su muerte. En este instante ha logrado alcanzar la presencia de Dios y tomar lugar a su lado en las alturas. Gracias por tanto y por más.